martes, 12 de mayo de 2009

Una canción en el jardín de las niñas rubias

Publicado en Plagio, (2007)

Tengo en la memoria las noches de 1998 en la ciudad de Concepción, yo solo en una habitación mientras llueve, indistintamente leyendo o estudiando y una radio pequeña cuya casetera no funciona y me pone en la situación de escuchar música a la suerte de la olla o directamente tocar guitarra, una de esas noches, después de las doce y media empezó a sonar en la radio Concierto “Sketches for my sweetheart the drunk” el disco póstumo del finado Jeff Buckley, cuyo nombre por esa época me era del todo desconocido aunque de seguro me sonaba una que otra canción de su primer disco. El caso es que escuché el disco, anoté el nombre del cantante en un cuaderno y algunos versos de una canción que me interesaba encontrar porque decía algo de unos tiburones dorados que brillaban, unas chicas rubias en un jardín y alguien que sentía esperanza en un mundo lleno de mentiras.

Pasaron varios años hasta que tuve el disco en mis manos y pude darle como caja todo cuanto quise. La canción, que se llama: “Yard of blonde girls” funcionaba en mí como un mantra que se me acercaba a los labios cada vez que caminaba bajo el sol o cuando veía un grupo de niñitas rubias, entonces recordaba la voz de Jeff Buckley y los resplandecientes tiburones dorados que se lo acompañaron hasta el fondo del río que lo ahogó. Y bueno, es justo decir que pese a tener la canción muy cerca de mi corazón, su sonido tan noventero ya me empezaba a empelotar.

El 2006 mi amigo Vick me dijo que debía escuchar a Micah P. Hinson, al parecer era obvio que me iba a gustar. Y yo, que suelo confiar en el criterio de ese individuo, bajé sendos discos de este mocoso de 24 que sonaba como si tuviera 50 años, dos divorcios y una adicción al tabaco arrastrada por la mitad de la vida. Fue una sorpresa escuchar las canciones del primer disco, escritas desde una ausencia de recursos bastante notoria, y notar que no se trataba de un latero más del corro del neo-folk, sino de un tipo apasionado por la melodía y una ausencia de aspavientos instrumentales, cosa que se confirma en el segundo disco que escribió, según leí en una revista, postrado en su cama después de una operación a la columna.

Fue entonces que descubrí un cover de “Yard of blonde girls” cantado por Micah P. Hinson en un disco de tributo a Jeff Buckley, un cover harto bueno armado desde el sonido “steady as a train” patentado de Johnny Cash pero un poco más precario y no desde el entramado del rock noventero que es la patente de la original. En lugar de ir a celebrar la belleza de la guitarra y la voz de Jeff Buckley, cosa innecesaria por lo demás, Micah P. Hinson va de cabeza a la canción, a su letra y a su melodía. Rápidamente me la aprendí en guitarra y la cantaba a la manera del cover, así fue que un día mi amigo Boris me agarró para el tandeo porque estaba cantando la canción del comercial de un desodorante. Yo, por supuesto, me indigné. Después de una conversación en que le conté quién era Jeff Buckley, que no había visto el comercial y otras cosas, vi en internet que la canción no había sido escrita por el finado de marras, ni por su amada, e hiper versionada, Nina Simone, sino por tres mujeres que yo jamás había oído nombrar. Inger Lorre, Audrey Clark y Lori Kramer.

Buscando encontré una entrevista donde Inger Lorre, compositora, guitarrista y cantante del grupo The Nymphs, cuenta cómo nació la canción. En primer lugar cuenta que…

Through the yard…
through the yard of blonde girls
through the river and the sea,
gold sharks glittering,
a tree of white breaks the earth,
the streets where Lola played
very sexy, very sexy, OK, OK.

Estos versos que abren la canción fueron escritos por Lori Kramer, una poeta bien talentosa que es hermana de Audrey Clark, la otra mujer responsable por la canción. Estos versos pertenecen a un poema que Lori le mandó a su hermana en una carta y que a Inger y a Audrey les gustó mucho, entonces tomaron estas líneas, les pusieron música y un coro, pero les faltaba al menos un estrofa más y así fue que…

It’s in your heart…
it’s in your art, your beauty.
even in this world of lies, there’s purity,
you’ve got innocence in your eyes,
even in this world of lies,
you’re still hopeful
that’s very sexy, OK, OK.

Esta segunda estrofa la escribió Inger Lorre tiempo después, cuando compartía departamento con Jeff Buckley en Nueva York, eso corresponde al período en que colaboraron musicalizando un poema de Jack Kerouac para el disco-homenaje titulado “Kicks Joy Darkness” donde canta Inger y Jeff toca casi todos los instrumentos. Fue en esa época que Inger escribió la segunda estrofa de la canción, pensando en el mismísimo Jeff Buckley como el sujeto cuya belleza y pureza residen en su arte y en su corazón, que tiene en sus ojos inocencia y esperanza, lo cual le parece bastante sexy. El caso es que Jeff Buckley escuchó la canción, le dijo a Inger cuanto le gustaba y ella fue incapaz de decirle que la segunda estrofa le había sido inspirada por él mismo.

Poco tiempo después Jeff Buckley moríría ahogado, Inger y él todavía vivían juntos, pero ella no sabía que Jeff había grabado la canción y menos que la estuvo tocando durante la última gira sin saber que esas líneas que cantaba se referían a él. El caso en ese período hizo la canción tan suya que la hizo universal, tanto así que puede cantarla Micah P. Hinson, puedo cantarla yo y puede además servir para el oscuro propósito de vender desodorante.

2 comentarios:

Javier Marcelo Arriaza López dijo...

Mi historia es completamente la contraria, yo la escuché primero en el comercial y no pude olvidarla. Muy interesante y bonito relato el tuyo. Saludos

Juliana Rodríguez dijo...

Wow, no sabia la historia detras de esta cancion que amo. Mil gracias por el post!

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